Author Archives: Faya Ana Julia

(English) Cuba: A Half-Century of Monetary Pathology and Citizen’s Freedom of Movement

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(English) Ana Julia Faya: “Back to where everything began”

Ana Julia Faya: “De regreso adonde todo empezó”

Todavía recuerdo el muy privado campo de golf frente al mar, al oeste de La Habana, en mi camino a Jaimanitas, una pequeña playa pública adonde mis padres nos llevaban en verano. Era un campo nítido, de un verde brillante que contrastaba con el azul intenso de la costa. Después, en el 59 o algo así, ese campo “burgués” fue barrido por tractores “proletarios”. Ahora, otras compañías “burguesas” reconstruyen el campo de golf, para la sobrevivencia de la elite en el poder.

Después de leer acerca de los proyectos de compañías canadienses en Cuba, con sus hoteles de lujo, campos de golf, villas para no sé quiénes, y no sé cuantas cosas más, no puedo dejar de sentir una profunda frustración. Cincuenta años –¡en realidad 52!—totalmente perdidos en la vida de una nación; casi dos millones de cubanos viviendo en el extranjero, incluyendo a calificados profesionales; familias divididas, destruidas; cientos de cubanos ahogados en el Estrecho de la Florida, o han sufrido represión, cárcel u hostigamiento frente a sus hogares y a sus hijos; una buena parte de la población vive actualmente en la miseria, y este gobierno “socialista” y “revolucionario” conduce al país de nuevo a donde todo empezó en 1959. Excepto que en aquel tiempo, el verde campo de golf del Havana Biltmore pertenecía a cubanos, y ahora será propiedad de compañías extranjeras; Cuba era entonces un pequeño país próspero, y ahora está en ruinas.

The Varadero Golf Course

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Ana Julia Faya: “El VI Congreso del Partido Comunista de Cuba: Navegando entre dos aguas”

El liderato cubano enfrenta actualmente una grave crisis interna.

El Presidente de Cuba y Segundo Secretario del PCC, Raúl Castro, dijo en diciembre de 2010 que la situación de la isla es la de un país al borde del abismo, con lo cual coinciden los analistas de cualquier tendencia. El régimen enfrenta una grave crisis financiera y de credibilidad.

Por una parte, el país tiene dificultades para cumplir con sus compromisos financieros: no recibe créditos de instituciones internacionales; no se materializan las expectativas sobre las reservas petroleras; y la ayuda proveniente de Venezuela parece tocar fondo.

Por otra, las fuentes de legitimidad del gobierno se desvanecen con celeridad en una población que lucha por sobrevivir en medio de escaseces elementales mientras ve disminuir los subsidios del Estado. La lucha contra el embargo de Estados Unidos se ha vuelto difícil de vender como arma de cohesión interna, en tanto el propio gobierno cubano ha admitido públicamente que buena parte de los problemas económicos de la isla no se deben al embargo, sino a ineficiencias y malas decisiones de política. Servicios como educación y salud pública —históricamente presentados como los logros del sistema— no podrán recibir el mismo nivel de subsidios de años atrás, y están sometidos al escrutinio de una población que sufre su gradual deterioro.

Ante esta situación, al gobierno cubano se le presenta la disyuntiva de realizar cambios que ha calificado de “inaplazables” para la sobrevivencia del sistema, como la descentralización estatal, pero que podrían poner en riesgo el modelo totalitario existente hasta hoy y, por ende, el sostén de la elite de poder. Es en medio de esas vacilaciones que, después de haberse pospuesto 13 años, el Congreso, que según los Estatutos del PCC, “decide sobre todas las cuestiones más importantes de la política”, se centrará en la discusión de un magro Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social.

El proyecto aspira a perfeccionar un modelo disfuncional mientras transita un delicado equilibrio: Introduce un sector privado que deberá absorber a más de un millón de desempleados del sector estatal —excepto de los órganos represivos y de seguridad, que han crecido—, y advierte que no se permitirá la concentración de capital en manos privadas. Esta ambigüedad ha dado lugar a críticas desde todas las orillas. Algunos militantes comunistas ortodoxos han expresado su disgusto sobre las reformas y las han calificado de “capitalismo monopolista de Estado” mientras sectores reformistas dentro del sistema y otros de la oposición las tildan de “cosméticas”, porque no hay una reestructuración real del régimen actual, y “carentes de base real”, por no existir recursos ni financiación que permitan la expansión del sector privado.

Lo cierto es que tanto en asambleas convocadas por el PCC para discutir los lineamientos, como en vías paralelas del ciberespacio, los cubanos han volcado sus opiniones, y el 1 de marzo Raúl Castro anunció que la puesta en marcha de los despidos demorará. Quizás el gobernante tuvo en cuenta uno de los criterios más reiterados por especialistas —que se espere a que el sector privado se consolide para proceder a las cesantías—, y quizás también decidió mostrar cautela ante el clima social explosivo creado por el anuncio de los despidos y los recortes de beneficio social (cierre de comedores obreros, gradual desaparición de la cartilla de racionamiento), además del contexto internacional de protestas contra dictaduras longevas. Sobre la “actualización del modelo”, Raúl Castro anunció que, por su “complejidad”, requerirá no menos de cinco años para su completa implementación. Habrá que esperar por las sesiones del Congreso para ver si se delinean mejor estos planes, hasta el momento confusos y fluctuantes.

Se verá también si en el Congreso se toman en cuenta planteamientos de especialistas de la isla, como abandonar el modelo de planificación; abolir los 10 años de límite sobre las nuevas parcelas de tierra entregadas; crear un soporte jurídico que ampare al nuevo sector privado; legalizar la compra y venta de viviendas y vehículos; flexibilizar el oneroso sistema de impuestos sobre los cuentapropistas; y crear cooperativas industriales y de servicios en empresas que fueran estatales.

A pesar de que Raúl Castro le ha pedido a la dirigencia un “cambio de mentalidad”, parece quedar fuera de discusión el papel que debiera jugar la diáspora cubana en el proceso de reformas, mediante el apoyo al nuevo sector privado en concordancia con el uso utilitario que el gobierno hace de sus remesas. También quedarán fuera de discusión el fin de la represión, de las detenciones arbitrarias, y las demostraciones de repudio contra la oposición pacífica. El Congreso dejará fuera, además, asuntos políticos y civiles de importancia, como la abolición de los permisos de entrada y salida del país para los cubanos; el fin de los controles sobre los medios de comunicación e Internet; y la libertad de asociación —asuntos que constituyen soportes básicos para lograr un desarrollo económico sostenible en cualquier sociedad.

En el Congreso, que según Raúl es el último de la “dirección histórica”, se deberá aprobar el nuevo Comité Central, y se sabrá quiénes serán el Primero y Segundo Secretario del PCC, aún bajo la jefatura oficial de Fidel y Raúl Castro.

Hasta el momento todo indica que las decisiones del VI Congreso prolongarán el status quo con la adopción de reformas ambiguas bajo fuertes controles. Pero las consecuencias de la introducción de estas reformas son difíciles de predecir. Porque cuando en política se anda entre dos aguas puede predominar cualquiera de las tendencias en juego. El hecho cierto es que la economía no será la misma y la sociedad cubana no lo es ya. La elite de poder debiera también cambiar, después de 52 años es hora.

Ana J. Faya es Analista de Política y Consultora independiente.

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Ana Julia Faya: Nosotros tampoco viajamos libremente a Cuba

Los permisos de entrada y salida del país son una violación de los derechos de los cubanos.

Publicado originalmente el 26 de Enero de 2011 en Diario de Cuba

Jose Marti International Airport, 1966,Photo by A. Ritter

Primero fue en la Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores en respuesta a las medidas de Obama sobre los viajes a Cuba. Después fue la subdirectora de América del Norte de la cancillería cubana, Johana Tablada, en entrevista publicada en Cubadebate. Y más recientemente Fidel Castro en una de sus Reflexiones, o quizás Castro primero y Johana después. Para el caso, no importa. Repiten el mismo desaguisado: que los estadounidenses son los únicos ciudadanos de este mundo que no pueden viajar libremente a Cuba. Craso error.

Los ciudadanos cubanos que vivimos fuera del territorio nacional tampoco viajamos libremente a nuestro propio país, no solo desde Estados Unidos, sino desde Canadá, España, o cualquier otro de los cientos que ocupan el globo terráqueo. Y no es por voluntad del “imperio”, sino por las restricciones impuestas en Cuba por cubanos sobre viajes de cubanos, medidas que ya suman tantas décadas que si no somos especialistas en la materia no sabemos cuándo fue que empezaron, en qué período de la historia antigua de los Castro se decidió cerrarnos las puertas para salir y para entrar.

En la cancillería cubana se sabe muy bien que los cubanos que residimos en segundos países y no le pagamos al MINREX por un Permiso de Residencia en el Exterior, si queremos visitar a nuestra familia en Cuba debemos solicitar antes a las autoridades de la embajada cubana correspondiente que se nos “habilite” el pasaporte cubano. Porque para viajar a Cuba no se nos admite el del país donde tenemos segunda ciudadanía. Y en ese pasaporte se nos estampará un cuño que nos abrirá las puertas del Aeropuerto Internacional José Martí, si los funcionarios encargados de esa gestión no se oponen y no nos incluyen en un largo listado que el defenestrado ministro de Exteriores Felipe Pérez Roque denominara de “personas repugnantes”, y que hasta el momento no tenemos noticia de que Bruno Parrilla haya desechado.

Que Fidel Castro asegure que solo los estadounidenses no viajan libremente a Cuba, bueno, él predijo una guerra nuclear por los días del campeonato mundial de fútbol, el año pasado, y ahora, en medio de su senilidad, se regocija con la bondad de los delfines mientras sobre el modelo cubano dice lo mismo y lo contrario. Pero que el tema de los viajes se especifique en una Nota Oficial del MINREX y que una inteligente funcionaria lo asegure también, da que pensar. Porque si seguimos al pie de la letra lo declarado últimamente por el régimen, en esta nueva era inaugurada por el general Castro con Lineamientos, Congreso y sesiones en la Asamblea Nacional, rigen los llamados a que los funcionarios cambien la “mentalidad”, se enfatiza en la necesidad de eliminar “prohibiciones obsoletas justificadas en el pasado”, y sobre todo se exige actuar con disciplina. Quizás los funcionarios del MINREX se han salido del modelo de conducta exigido por el liderato del régimen y no han cambiado su mentalidad, quizás se debe a que en Cuba hay tantas cosas obsoletas que se confunden al dirigir los tiros, o quizás es ahora el general Castro el que dice lo mismo y lo contrario.

La abolición de los permisos de entrada y salida fue pedida en muchas de las asambleas celebradas en el país convocadas por Raúl Castro de 2007 a 2008, dizque para conocer qué pensaban los cubanos de la isla. “El permiso de salida y de entrada, eso debería abolirse completamente (…) se hizo con otro destino, por otras razones, y ha sobrevivido durante demasiados años en Cuba, y yo no creo que tenga razón de ser”, dijo Silvio Rodríguez entonces. Fueron tantas las declaraciones públicas en ese sentido de conocidos seguidores del régimen, y tantos los rumores de que “ahora sí”, que incluso el corresponsal de El País en La Habana aseguró haber visto el documento donde se levantaban las prohibiciones sobre viajes y que su presentación era cuestión de días. Pero, seguimos esperando.

Ahora pudiera ser un buen reclamo de los delegados al VI Congreso del Partido Comunista, aunque tengan que ser indisciplinados y salirse de la agenda prevista solo para los Lineamientos económicos. En definitivas, ¿no es el Congreso “el órgano supremo del partido y decide sobre todas las cuestiones más importante de la política”? Si es así, la discusión en abril no debiera circunscribirse a las reformas sobre los cuentapropistas, o la compra y venta de casas, sino ampliarse hacia otras cuestiones importantes reclamadas por la población desde hace rato, como los permisos de entrada y salida.

Soy de las que piensa que Obama debiera levantar todas las restricciones de viaje en su país, para que no sean violados los derechos de sus ciudadanos. Los permisos de entrada y salida en Cuba debieran levantarse por lo mismo. No en reciprocidad por las decisiones de Obama, sino por elemental respeto, para que no se sigan violando los derechos de los cubanos.

Playas del Este, 1994.

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