Acaba de publicarse: “Shifting Realities in ‘Special Period’ Cuba” (“Realidades cambiantes en Período Especial. Cuba”)
Archibald R. M. Ritter, Carleton University, Ottawa, Canadá
Che’s Afterlife: The Legacy of an Image (La vida de Che post mortem: El legado de una imagen). Por Michael Casey. New York: Vintage Books, 2009. Pp. 388. $15.95 rústica. ISBN: 9780307279309.
The Cuba Wars: Fidel Castro, the United States, and the Next Revolution (Las guerras de Cuba: Fidel Castro, Estados Unidos y la próxima revolución). Por Daniel P. Erikson. New York: Bloomsbury Press, 2008. Pp. xiii + 352. $28.00 cartoné. ISBN: 9781596914346.
Political Disaffection in Cuba’s Revolution and Exodus (Descontento político en la Revolución de Cuba y el éxodo). Por Sylvia Pedraza. Cambridge: Cambridge University Press, 2007. Pp. xix + 359. rústica. ISBN: 9780521687294.
Looking Forward: Comparative Perspectives on Cuba’s Transition (Una mirada al futuro: Perspectivas comparadas sobre la transición de Cuba). Editado por Marifeli Pérez-Stable. Notre Dame, IN: University of Notre Dame Press, 2007. Pp. xx + 332. $27.00 rústica. ISBN: 9780268038915.
Cuba in the Shadow of Change: Daily Life in the Twilight of the Revolution (Cuba a la sombra del cambio: La vida cotidiana en el crepúsculo de la Revolución). Por Amelia Rosenberg Weinreb. Gainesville: University Press of Florida, 2009. Pp. 272. $69.95 cartoné. ISBN: 9780813033693.
Cuban Currency: The Dollar and Special Period Fiction (La moneda cubana: El dólar y la ficción del Período Especial). Por Esther Whitfield. Minneapolis: University of Minnesota Press, 2008. Pp. 217. $22.50 rústica. ISBN: 9780816650378.
La Época Dorada de la Cuba Revolucionaria terminó en 1988-1990, cuando la ex Unión Soviética adoptó precios del mercado mundial en su comercio con Cuba, cesó nuevos préstamos y descontinuó el subsidio a la economía cubana. El resultado fue la debacle de 1989-1994. En 1992, el Presidente Fidel Castro denominó la nueva época como Período Especial en Tiempos de Paz, un nombre que ha durado casi dos décadas, hasta 2010. Muchos observadores foráneos piensan que con el tiempo Cuba seguirá los pasos de los países de Europa del Este y la ex Unión Soviética, en una transición hacia un sistema económico más orientado hacia el mercado y quizás hacia una democracia pluralista al estilo occidental. Esto no ha sucedido. Los modestos cambios económicos de los años 90 no han conducido hacia una reforma sostenida. Las reformas políticas son casi imperceptibles. Por momentos, cambios rápidos han parecido inevitables e inminentes. Pero, en otros, ha parecido que la parálisis de la gerontocracia pudiera extenderse hasta bien entrada la década de los 2010. Sin duda, los cambios ocurrirán, pero su trayectoria, momento y carácter es difícil, si no imposible, predecir. Cuando llegue el proceso de transición, será de manera inesperada, confusa y errática, y probablemente no seguirá los patrones de Europa del Este, China o Vietnam.
Los libros que se incluyen en esta reseña se centran principalmente en las realidades cambiantes del Período Especial y en la presunta naturaleza de los cambios. Constituyen una valiosa contribución al mejor entendimiento de varias dimensiones de la existencia cubana durante esta era, que en realidad no es “especial”, sino del “mundo real”.
La colección preparada por Marifeli Pérez-Stable asume que la transición ocurrirá, y pregunta qué percepciones útiles se pudieran extraer de las experiencias de otros países de América Latina, Europa del Este, Asia, y Europa Occidental. Los análisis incluidos en esta colección constituyen la mejor exploración sobre aspectos clave de las posibles alternativas futuras de Cuba, todavía aprovechables. Más adelante, Daniel P. Erikson examina la relación Estados Unidos-Cuba junto a las políticas domésticas de EEUU hacia Cuba durante el Período Especial y concluye con el capítulo sobre “La próxima revolución”. Su análisis histórico y popular también es probablemente el mejor del que se dispone, así como el de más fácil lectura acerca de esta relación trágica y disfuncional.
La cultura de la mayoría silenciosa o del “público en las sombras” es el foco de atención de Amelia Weinreb. Este análisis sociológico-antropológico de la mayoría silenciosa de Cuba llena un gran vacío en los trabajos sobre Cuba de los últimos 20 años, al centrarse en las características, aspiraciones y comportamiento de un grupo que ha sido casi ignorado aunque probablemente constituye la mayoría de la población cubana. Sylvia Pedraza examina la situación en evolución de la política interna de Cuba y las consecuencias para la emigración durante la última mitad de siglo, incluyendo las dos décadas de Período Especial. Su trabajo es probablemente un análisis seminal sobre las motivaciones subyacentes y patrones de la continua hemorragia migratoria de Cuba.
Michael Casey examina cómo el Gobierno de Cuba ha capitalizado la “marca” de Che –personificada en la icónica foto de Alberto Korda—y cómo esa imagen ha sido comercializada, tanto por razones políticas como financieras, al hacer uso de las leyes sobre marcas y propiedad intelectual bajo los mecanismos de mercadeo del sistema capitalista internacional. Aun quizás fuera del ámbito de la corriente de las investigaciones de ciencias sociales sobre Cuba, el examen de Casey sobre la imagen Korda-Che brinda un nuevo y convincente examen de cómo el régimen político cubano ha buscado la comercialización del mártir más importante de la Revolución. Finalmente, Esther Whitfield explora los cambios culturales y literarios ocurridos en el mundo cubano de la ficción durante el Período Especial. Su obra también abre caminos al examinar el impacto de las realidades económicas de la patología de la doble moneda, sobre la estructura de incentivos y la orientación de los escritores cubanos de ficción.
Marifeli Pérez-Stable ha reunido un equipo de autores estelares para producir también una excelente contribución a la mejor comprensión de Cuba y su situación actual. [i] La intención de Looking Forward es investigar las alternativas que enfrenta Cuba después de un posible cambio de régimen o momento histórico (poof moment) –como dice Jorge Domínguez (7 y 61)—cuando ese cambio ocurra como por arte de magia. A los autores se les solicitó examinar, en sus áreas específicas, las perspectivas a partir de otros procesos democráticos, la importancia relevante de las condiciones del Período Especial, y “las alternativas plausibles y/o deseables … para una Cuba en transición” (7). Dada la concreción y riqueza de los doce ensayos de este libro es difícil, si no imposible, resaltarlos y criticarlos con el nivel de detalle que cada uno de ellos merece en esta breve reseña. Todos son sustancialmente de primera categoría.
En la presentación, Pérez-Stable asume que “es probable que en Cuba tenga lugar una transición democrática a mediano plazo, aunque no es seguro” (19). Explora primero las transiciones de la Europa Central y del Este y de América Latina en la búsqueda de visiones que se apliquen al caso cubano; y en segundo lugar, los posibles papeles para el Partido Comunista, Asamblea Nacional y la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana –la organización de veteranos—en una Cuba post Fidel Castro. Su conclusión principal es que lo más probable será un régimen híbrido, donde elementos del mercado y cierta liberalización se combinen con un continuado autoritarismo.
En su examen de las relaciones cívico militares, Jorge Domínguez razona optimistamente que tendrá lugar un decrecimiento de los militares con la normalización de las relaciones EEUU-Cuba. También argumenta que los militares son compatibles con la democratización bajo los últimos tres escenarios de los cuatro que explora: 1. Una sucesión dinástica con continuo monopolio del Partido Comunista y una apertura a la economía de mercado. 2. Con la desaparición de la amenaza desde el exterior, los militares pudieran centrarse solamente en la seguridad interna. 3. El escenario anterior, pero con un Ejército más fuerte para mantener el orden público ante serias amenazas a la seguridad interna. Y 4. De nuevo el segundo escenario, pero con un papel mayor y continuado de las fuerzas armadas profesionales en medidas de mantenimiento de la paz a escala internacional (61-70).
Gustavo Arnavat analiza las dimensiones legales y constitucionales en el cambio a la democracia representativa y la economía de mercado, y argumenta que serán necesarias enmiendas constitucionales mayores o una nueva Constitución aprobada por referendo.
Damián Fernández presenta un aleccionador y provocador análisis acerca del papel de la sociedad civil, en el cual enfatiza las dificultades para lograr nuevos compromisos y el desarrollo de actitudes de apoyo de una ciudadanía participativa. Mala Htum adelanta un examen bien balanceado de los logros de Cuba y los problemas que persisten en esa misma área de la transición política, y de los impactos del Período Especial sobre la mujer y la igualdad de géneros. Concluye que “alcanzar la justicia de géneros … requiere de un mayor crecimiento económico y de reformas políticas” (137). Alejandro de la Fuente también destaca los logros de Cuba desde 1959 y algunos de los reveses de los afro-cubanos desde 1990; estos incluyen que reciben una porción menor de las remesas y relativamente menos empleos en el turismo y en el auto empleo de alta gradación. Su principal conclusión es que serán necesarias políticas especiales antidiscriminatorias en la transición a una economía de mercado. Jorge Pérez-López contribuye a un excelente análisis sobre las reformas de la política económica que son necesarias para la transición. En su ensayo de primera categoría, Carmelo Mesa-Lago revisa cuidadosamente los impactos del Período Especial sobre el bienestar social –educación, salud, servicios sociales, pobreza e igualdad de ingresos—y subraya el rango de las políticas que se necesitan, si Cuba mantiene la justicia social mientras brinda incentivos al mejoramiento económico.
La corrupción ha sido el azote de Cuba desde la Independencia. Ha evolucionado de manera excepcional desde 1990, y ha tendido a escalar de manera alarmante en las transiciones de Europa del Este, como muestra Dan Erikson en su contribución a Looking Forward. El papel políticamente complejo y difícil de los emigrados cubanos en cualquier transición futura es abordado por Lisandro Pérez, aunque quizás no con el debido énfasis en cómo los cubano americanos deberán contribuir al desarrollo institucional, nexos comerciales, proyectos de inversión, retorno migratorio y turismo. Rafael Rojas brinda una profunda exploración sobre las transformaciones sicológicas y políticas que deberán ocurrir en esa misma área, en la cual enemigos polarizados e implacables –cada uno reclamando su propia interpretación histórica—deberán convertirse en adversarios leales, compitiendo y al mismo tiempo cooperando bajo reglas democráticas. Finalmente, William, Leogrande brinda un relevante sondeo sobre las relaciones EEUU-Cuba durante el Período Especial y las relaciones de EEUU con antiguos adversarios, para abordar el trato futuro entre los dos vecinos.
En su totalidad, este excelente volumen establece altos estándares que serán difíciles de superar. Lo que uno también quisiera ver, no obstante, es otro capítulo acerca de cómo Cuba pudiera sortear una transición para alcanzar una democracia genuina y una economía de mercado mixta. Uno pudiera también cuestionar la decisión de la editora contra la cita de fuentes con el objetivo de llegar a un público más amplio, a una audiencia menos académica. Este libro en realidad llega a un público amplio, pero la ausencia de citas parece ser innecesaria para lograr ese propósito.
En un mercado bien abastecido de libros e informes sobre las relaciones EEUU-Cuba, el libro de Erikson, The Cuba Wars resulta perceptivo, objetivo y atractivo. Su trabajo está basado en un análisis político general desde su ventajosa posición en el Diálogo Interamericano de Washington; en entrevistas a muchos protagonistas clave de asuntos cubanos en Miami, el Congreso de EEUU, la comunidad política, y los académicos; y en su propio conocimiento de Cuba, a partir de muchas visitas a la isla durante la pasada década. Para aquellos que han vivido la relación entre EEUU-Cuba durante la última década, o los últimos 50 años, el análisis de Erikson resulta agradable y profundo. Su estilo narrativo es cautivador y trae de nuevo a la luz varios sucesos que han estado en el centro de la interacción entre EEUU y Cuba: Elián Gónzalez, el cargo de James Cason como Jefe de la Sección de Intereses de EEUU, el derribo por parte de Cuba de las avionetas de Hermanos al Rescate, la condena de la espía de Cuba Ana Belén Montes, los “Cinco Héroes”, y el desalojo de cubanos de un hotel en Ciudad México por parte de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de EEUU. El análisis de Erikson sobre la relación Chávez/Venezuela/Castro/Cuba, sobre la comunidad cubano americana de Miami, y sobre las presiones que promueven y obstruyen un papel mayor de los mecanismos de mercado en Cuba, son cautivadores y sustanciales. Sus viñetas de congresistas con papeles importantes en la decisión de políticas hacia Cuba son fascinantes. Si le hiciera alguna objeción al libro, sería sobre el título, el cual parece se ha sobredimensionado, ya que no ha existido una guerra entre los dos países. La próxima Revolución, a la que se refiere el título “The Next Revolution”, no es imposible, pero pienso que es más probable que suceda una evolución, difícil, pero hacia una democracia participativa al estilo occidental, con una forma de organización económica más hacia el centro. [ii]
En Cuba in the Shadows, Amelia Rosenberg Weinreb (Antropología, Universidad de Texas en Austin) explora las vidas, comportamiento y visiones de los “cubanos de a pie”. [iii] Estos cubanos les son familiares a los que conocieron a Cuba durante el Período Especial. Constituyen quizás la gran mayoría de la población. Estos “ciudadanos consumidores insatisfechos”, como los llama Weinreb (2 y 168), se esfuerzan desde 1990, por encima y más allá de lo que ofrece la libreta de racionamiento en cantidades insuficientes para mantener la vida, por sobrevivir con cierto acceso a bienes básicos “modernos”. Estos bienes modernos pudieran incluir algunos lujos, pero también incluyen productos básicos, como papel higiénico y artículos de higiene femenina, que sólo se encuentran disponibles en las “tiendas en dólares” o tiendas de recaudación de divisas. Esta “mayoría silenciosa” ha permanecido sub analizada y mayormente ignorada por los académicos porque –como sugiere Weinreb— pareciera no ameritar una atención especial, como las poblaciones indígenas, los pobres, o los sindicatos, o quizás porque no se ajusta a las orientaciones de los “nuevos movimientos sociales” y del “marxismo estructuralista”.
La observación etnográfica y participativa de Weinreb logra producir un análisis desde adentro de la realidad cubana tan profundo como el que le es posible hacer a un foráneo. En parte su éxito puede atribuírseles a sus asistentes de investigación y embajadores del vecindario, léase sus tres hijos pequeños Maya, Max y Boaz, quienes ayudaron a establecer relaciones, amistad y a compartir lazos paternales con cubanos que simpatizaban y querían ayudar a una madre joven. Este “trabajo de campo familiar” ofreció una ventana única para penetrar en la sociedad y vida de los cubanos.
El foco de atención de Weinreb es el “público sumergido”, algo análogo a la economía sumergida, como se explica a continuación:
Los ciudadanos consumidores insatisfechos… comparten intereses, características, una práctica e imaginería social, pero su silencio político, actividad económica clandestina, e identidad secreta como posibles migrantes proyectan una sombra sobre ellos. Son por tanto un público sumergido, un desunido pero poderoso grupo que entabla resistencia a la dominación estatal pero no públicamente, y sólo de manera tal que les permita continuar siendo invisibles mientras mantienen o mejoran el sustento de sus familias. (168)
Las raíces de la economía sumergida datan por supuesto desde antes de la Revolución. En realidad llegan hasta el período colonial y su economía informal de tráfico y contrabando, como refleja la expresión “obedezco, pero no cumplo”. No obstante, la expansión y penetración de la economía sumergida actual se generó a partir de las características de la propia planificación centralizada, y por las circunstancias del Período Especial, como se analiza en el capítulo 1. Los capítulos 2 y 3 examinan cómo los ciudadanos se esfuerzan por mantener su espacio y controles personales dentro de un estado de dominación sobre las vidas de las personas y de la actividad económica. Los capítulos 4-6 exploran un abanico de estrategias de sobrevivencia. El capítulo 4 se centra en los conceptos y prácticas captadas por los términos “resolver, luchar, conseguir e inventar”, cada uno con connotaciones únicas en el contexto del Período Especial. El significado de las cosas materiales –y por tanto de su carencia—se analiza en el capítulo 5. El 6 trata sobre la importancia del acceso a divisas o “pesos convertibles”. Weinreb aquí presenta un sistema cubano de clases donde la “burguesía roja” ocupa el escalón más alto, seguida de los artistas con acceso privilegiado a viajes y ganancias en divisas; los “perros del dólar” o cuentapropistas con acceso a los gastos de turistas o a remesas de familiares o amigos en el exterior; los “ciudadanos consumidores insatisfechos”; y finalmente, en el fondo, los “pobres del peso”, que carecen de acceso a divisas y a ingresos adicionales. Los capítulos finales examinan el fenómeno de amplio basamento de sentirse atrapado en el sueño del escape por vía de la emigración. El capítulo 8 explora las expresiones “fuera de lugar” de insatisfacción, criticismo y resistencia que se mantienen deliberadamente escondidas, desorganizadas y fuera de los espacios públicos. No obstante, este estado de cosas pudiera estar variando con las Damas de Blanco y los blogueros que valientemente irrumpen en la arena pública, encabezados por Yoani Sánchez. Finalmente, el capítulo 9 reúne los hilos conductores del análisis de Weinreb y explora la relevancia de los conceptos de público sumergido y ciudadano consumidor insatisfecho en el contexto más amplio de América Latina.
Weinreb logra admirablemente describir y analizar la mayoría silenciosa de Cuba, esos “ilegales normales” que son decentes, trabajadores, emprendedores y éticos, aunque tienen que defenderse a sí mismos y su sobrevivencia mediante una miríada de ilegalidades económicas dentro del marco de un sistema económico disfuncional. Estas personan viven dentro de una “doble moral” intimidados eficientemente bajo la aquiescencia de un sistema político ante el cual la principal válvula de escape es la crítica, al principio inocua, pero cada vez más dura, seguida de la emigración. El público sumergido constituye quizás una potencial “oposición sumergida”, pero al parecer ha sido fácilmente contenido y controlado por los gobiernos de los hermanos Castro. A partir del trabajo de Weinreb se pudiera concluir que esta población –en la actualidad desvinculada y pensando incesantemente en la emigración—está lista para volver a involucrarse públicamente, y que en algún momento pudiera darse una sorprendente movilización rápida hacia el cambio.
El análisis de Weinreb levanta también varias interrogantes: ¿Bajo qué circunstancias pudiera esta oposición sumergida organizarse y encontrar una voz fuerte que la convierta en oposición real? ¿Podrán los nuevos ciudadanos periodistas de la comunidad cubana de blogueros –además de críticos como Vladimiro Roca, Oscar Espinosa Chepe, Marta Beatriz Roque, Elizardo Sánchez, las Damas de Blanco, y algunas organizaciones católicas—ser capaces de romper el control del Partido Comunista y del actual liderazgo? ¿Podrá la normalización de relaciones con Estados Unidos y el fin de la “amenaza externa” –una mentalidad de plaza sitiada utilizada como pretexto por largo tiempo para negar libertades políticas básicas– erosionar el control del Partido y crear nuevos alineamientos políticos dentro de Cuba?
Como lo fue la bandera alzada por Máximo Gómez durante la lucha por la independencia de Cuba que confeccionara Victoria Pedraza, su tía abuela, Sylvia Pedraza (Sociología, Universidad de Michigan) intenta que su libro sea una contribución a la historia de Cuba. Political Disaffection in Cuba’s Revolution and Exodus, la obra magna de Pedraza hasta el momento, es en realidad una magnífica contribución. Examina la historia política, social y económica de la Cuba Revolucionaria, mediante la exploración de su impacto sobre los ciudadanos y sobre las decisiones y patrones migratorios desde 1959 hasta la mitad de la primera década de este siglo. El alcance del trabajo desde luego llega más allá del Período Especial, cuyos emigrados constituyen el producto más reciente de una serie de cuatro olas migratorias de la Cuba Revolucionaria, después de los períodos 1949-1962, 1962-1979 y 1979-1989. [iv] Estas migraciones son períodos organizados para Pedraza, quien ofrece una cuidadosa lectura de la historia de la Revolución, mediante la participación y observación desde dentro de la comunidad cubano americana y de los cubanos de la isla, con 120 entrevistas profundas y estructuradas de una selección representativa de emigrados desde 1959 a 2004, documentos personales de emigrados, e información censal y de encuestas. De especial interés resulta la odisea personal de Pedraza y sus visiones de la Revolución siendo niña, casi una emigrada Pedro Pan, y su retorno con la Brigada Antonio Maceo en 1979. El relato de su reunificación con la familia extendida que había dejado de ver desde que se fue de Cuba es particularmente conmovedor.
En Che’s Afterlife, Michael Casey le sigue el rastro a la famosa foto de Korda de Ernesto “Che” Guevara, a través de la conciencia de los pueblos del mundo. Esta imagen está bien protegida por su dueña, la hija de Korda, Diana Díaz, quien posee la marca icónica (copyright VA-1-276-975) y se utiliza en colaboración con el Gobierno de Cuba. Para algunos, la imagen es un símbolo casi espiritual de esperanza en un futuro mejor. Para otros es un símbolo indefinido pero de noble rebeldía juvenil. Pero aún para otros, es el símbolo abominable del autoritarismo. Casey, jefe del buró del Dow Jones Newswires de Buenos Aires, ha escrito una historia fascinante sobre la trayectoria de la imagen durante la última mitad de siglo. En su obra se unen la investigación sobre las vidas de Korda y de Che, el dominio de la historia de la Cuba Revolucionaria, el conocimiento de países donde Guevara es un mito importante, la comprensión de las leyes de propiedad intelectual, y originales e investigativas entrevistas y reportajes.
Casey comienza en el instante en que fue tomada la foto, el 5 de marzo de 1960. Delinea el papel de Che en el nuevo gobierno –sobre todo como jefe de la prisión de La Cabaña y como supervisor de las rápidas ejecuciones de prisioneros– su secreta y desastrosa operación en el Congo, y su campaña guerrillera en Bolivia, que lanzaron a Che como un icono y como modelo de “Guerrillero Revolucionario” en la ceremonia conmemorativa del 18 de octubre de 1967, en la Plaza de la Revolución. Casey también presenta un recuento de las actividades de Korda en La Habana, las primeras publicaciones de su foto, y la agitación revolucionaria de los primeros años de la Revolución, seguida de la desilusión de muchos a mediados de los años 60. Traza la peregrinación del Che de Korda a través de Argentina, Bolivia, Venezuela y Miami, así como las agitaciones estudiantiles de 1968 de París a Berkeley. Sus últimos capítulos se centran en el uso de la imagen de Che como una patente para el gobierno de Cuba; aquí ya no significa un guerrillero heroico que promueve revoluciones, sino ha pasado a convertirse en un anuncio que vende a Cuba en el mercado internacional de turismo. La esencia de la imagen es ahora “la idea de la nostalgia revolucionaria” (306). Después de unos treinta y siete años en que se permitió que la foto fuera usada libremente por cualquiera, ahora se aplican los derechos de propiedad y se ejercen controles por medios legales cuando es necesario.
Casey nos lleva en un viaje fascinante a través del Che vivo y después de muerto, y a través de medio siglo de historia internacional política y social, con la imagen de Che como prisma. Su libro deberá encontrar un amplio público de lectores, de todas las tendencias, con interés en Cuba o en movimientos políticos y sociales más amplios. Aquellos interesados en mercadeo, patentes y leyes de derechos de propiedad también encontrarán este volumen revelador.
Debo confesar que cuando por primera vez vi el libro Cuban Currency: the Dollar and Special Period Fiction pensé que se trataba de un análisis sobre el sistema monetario de Cuba, porque no había leído bien el título. Para mí asombro, Esther Whitfield se centra en la literatura, pero en el contexto de la patología cubana de la doble moneda. Su estudio sobre la literatura de ficción más reciente ha resultado ser una delicia, incluso para un economista con poco conocimiento directo de literatura cubana.
El argumento central de Whitfield es que el Período Especial en Cuba generó un boom de exportaciones culturales, incluida la literatura, debido a un número de factores que incluyen la apertura de la economía y la sociedad de Cuba, la subsecuente expansión del turismo y la popularidad de todo lo cubano, así como la descriminalización del uso del dólar, su adopción como moneda legal, y su rápido ascenso en detrimento del peso. La literatura del Período Especial, por tanto, estuvo regida por el mercado –como muchas otras actividades en Cuba—con los ingresos de los autores dependientes más de las ventas en el exterior y de los contratos en divisas, que de la burocracia literaria de Cuba o la membrecía de la Unión de Escritores. La supremacía del mercado foráneo se fortaleció posteriormente debido a la contracción del mercado doméstico de libros en pesos, debido a la declinación de los ingresos. Esta nueva orientación hacia el mercado foráneo se formalizó mediante una ley en 1993 que les permitió a los autores negociar sus propios contratos con las editoriales extranjeras y repatriar sus derechos de autor bajo un régimen de impuestos relativamente generoso. Como otros ciudadanos cubanos, los autores respondieron rápidamente a esos incentivos. La ficción del Período Especial tiene lugar en la Cuba real que le es de interés a los extranjeros, léase en la Cuba de hábitos bajo un sistema pervertido de moneda dual, decadencia urbana, economía disfuncional de estilo soviético, y gerontocracia política, junto a una cultura afro latina vibrante y de inmemorial erotismo tropical. Irónicamente, el boom internacional de la literatura cubana de ficción durante el declinar de la Revolución fue una continuación del boom literario de los 60, que se desarrolló durante una vigorosa y joven Revolución que brindaba confianza.
Whitfield comienza con un análisis de las circunstancias del Período Especial que empujaron a los autores hacia esta orientación marcada hacia lo foráneo. Después analiza el trabajo de Zoe Valdés, especialmente su obra premiada, Te di la vida entera (1966), publicada durante su exilio en París, que le permite a Whitfield rastrear el importante papel jugado por el dólar estadounidense y su relevancia simbólica para la cultura del Período Especial. El objetivo del siguiente capítulo son los cuentos cortos, con atención particular en la obra de Ronaldo Menéndez. Su cuento, titulado “Dinero”, tiene lugar también en el mundo de la doble moneda y la doble moral, pero critica la dependencia del mercado extranjero y se muestra preocupado por el “jineterismo” (o prostitución) de la relación autor-casa editorial y de un posible desfase de la “verdadera” literatura cubana. Whitfield examina la obra de Pedro Juan Gutiérrez, en especial los cinco libros de su secuencia Centro Habana. Gutiérrez escribe para el lector extranjero, pero también lo critica, y sitúa al lector en la posición de espectador de “la vida sexual desordenada, la depravación moral y la desesperanza económica” de La Habana (98). En su capítulo final, Whitfield medita sobre las descripciones que hacen los artistas de la decadencia urbana de Cuba y sobre los análisis críticos de estas descripciones.
Whitfield ha producido un exquisito análisis de cómo las circunstancias económicas generaron nuevos problemas y nuevas posibilidades para los autores cubanos, quienes se han levantado sobre este reto y han producido una literatura de amplio alcance internacional. Whitfield escribe con garra, sus conocimientos parecen ser profundos, y su objeto de análisis es encantador. No obstante, no soy un crítico competente de literatura cubana ni de crítica literaria, que pueda hacer valoraciones como los académicos de esa esfera. Su libro, que vincula las circunstancias socio-económicas del Período Especial a la literatura cubana, sin embargo le será de interés a un amplio espectro de científicos sociales, así como a aquellos dados a la literatura.
¿Es el mercado internacional de la ficción cubana algo transitorio igual que uno espera o aspira que así sea el Período Especial? Quizás. Puede que cuando Cuba salga del Período Especial –que ya lleva 20 años—, y se convierta en un país normal con un sistema monetario normal, el interés especial que proyecta su literatura disminuya. No obstante, las dificultades económicas y reformas políticas deberán continuar durante algún tiempo, y deberán tomar varios giros y vueltas que sostendrán nuestro interés durante algún tiempo en el futuro. Espero que para entonces los escritores de ficción de Cuba estén presentes, para que iluminen a los lectores de este mundo durante ese proceso.
[i] Divulgación total: Tuve a mi cargo la evaluación de la colección editada de Marifeli Pérez-Stable, Looking Forward, para la University of Notre Dame Press.
[ii] Un detalle menor: El pueblo natal de Fidel Castro no es Bayamo, sino Birán, no muy lejos de Cueto y Mayarí, ambos inmortalizados en la canción “Chan Chan” de Buenavista Social Club.
[iii] También serví de lector del manuscrito original de este libro para la University Press de Florida. Me impresionó tanto entonces como ahora.
[iv] La emigración de 1979-1989 fue en parte impulsada por el regreso como visitantes de cubano americanos, quienes resultaron no ser “gusanos” –la etiqueta inhumana que les colgara el Gobierno cubano–, sino “mariposas”, como se les rebautizara haciendo uso del típico sentido del humor cubano.
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