Por Arch Ritter
El ataque de Fidel Castro al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, en 1953 y su posterior cruce del Estrecho de Florida en el Granma, para atacar al régimen de Batista con una pequeña fuerza armada, sin dudas parece valiente, aunque algunos observadores ponen en duda el coraje personal de Castro durante estos eventos. Una vez en el poder, se movió rápidamente para suprimir toda oposición, con el fin de minimizar o eliminar cualquier riesgo de rechazo, crítica o desafío de su poder y su visión del mundo. Tal “dominio de la baraja” en su favor y, la negación de la libertad de expresión y de reunión a todos los que estaban en desacuerdo con él, parece muy cobarde.
Fidel Castro: el fase de coraje; despues del ataqhe al Moncada, 1953
Pero,… ¿qué es la cobardía y que es el coraje? En la búsqueda de alguna literatura a través de Google y Google Scholar, muy poca información se presentó ante mí, con la excepción de un viejo ensayo de 1965 por Joe K. Adams titulado “La Psicología desatendida de la cobardía” [Diario de la Psicología Humanista, 1965, 5, 57 - 69]. Adams comienza su análisis lamentándose de lo poco que se había escrito antes de 1965 sobre este tema.
El ensayo de Adams, es el único análisis razonable y relevante que fui capaz de localizar, aunque puede haber – debe haber – una amplia literatura que no he encontrado.
Adams define el valor y la cobardía en cuanto a las consecuencias que una persona espera que se deriven, de un particular curso de acción. Las consecuencias pueden ser físicas, morales o intelectuales y Adams (p. 58) lo define de la siguiente manera:
1. “coraje-cobardía física: la disposición relativa al riesgo o de sufrir un dolor anticipado o lesiones físicas;
2. Valor – cobardía moral: la disposición relativa al riesgo de sufrir o no, indeseadas consecuencias sociales, como la reprobación, el desprecio, la pérdida de estatus o poder, el ostracismo…
3. coraje-cobardía intelectual: La disposición relativa al riesgo o someterse a una grave perturbación de la propia estructura cognitiva”.
Por el lado del coraje, la expresión sería una voluntad anticipada para enfrentar una lesión de riesgo, mientras que en el lado de la cobardía, una minimización de las lesiones esperadas y el riesgo. ¿Cómo se puede minimizar el riesgo al dolor personal, las lesiones, la desaprobación, la pérdida de estatus de poder, o “alteración de la estructura cognitiva”? En palabras de Adams (p. 59)
“… .. por neutralización de aquellos que podrían llevar a cabo (estas consecuencias negativas…), por la destrucción, la censura, y el control de ellos, o cambiándolos. La destrucción, la censura, el control o el cambio, deben llevarse a cabo con un mínimo de riesgo, es decir, de manera que los oponentes de uno, sean incapaces de defenderse. Además de la posesión de una ideología compleja y desconcertante, los métodos que son especialmente útiles son el secreto, la intriga, el engaño, el etiquetado, el anonimato, el atrapamiento, el monopolio y lograr que los oponentes, hagan lo que abiertamente sea necesario.”
Este hecho se parece mucho al régimen de Fidel Castro. Sin embargo, Adams no estaba hablando de Cuba o Europa del Este. Sus estudios de caso se centraron en la Iglesia católica, la Inquisición, la Ginebra de Juan Calvino, y los ideólogos políticos y académicos (especialmente los psicólogos) alrededor de la década de 1960.
¿Por qué entonces Fidel Castro cambio del coraje de antes de 1959 a la cobardía más tarde, cuando se enteró de que es conveniente negarle a la gente los derechos políticos y civiles fundamentales, que son interpretados a partir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y la Declaración Internacional del Trabajo sobre Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo?
Yo no estoy en condiciones de dar una buena respuesta a esta pregunta, no siendo ni psicólogo ni un gran conocedor de la biografía de Fidel Castro. Sin embargo, tal vez sea relevante la máxima de Lord Acton: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Después de degustar las mieles del poder, Fidel puso en marcha una espiral, que requería más y más control de la vida de las personas, más adulación más y más influencia. Ninguna cantidad de propaganda ideológica y adulación de su persona, parecía ser suficiente al final de su reinado. Las marchas a lo largo del Malecón con él a la cabeza, se hicieron más y más frecuentes, así como los mítines políticos ocurridos cada fin de semana, y las movilizaciones de masas, para demostrar siempre su lealtad y apoyo al Comandante.
¿Dónde pues, se puede ver el valor físico, moral e intelectual en Cuba en este momento? Está claro que es con los disidentes, las Damas en Blanco, los periodistas y economistas independientes, bloggers, y los sindicalistas defensores de los derechos laborales y humanos frente al régimen autocrático – aunque con voz suave – con gran riesgo personal.
¿Será capaz el presidente Raúl Castro de romper con el sistema político establecido por su hermano mayor? Si Raúl quisiera establecer un legado independiente y un lugar de honor en los libros de historia, debería retornar a la democracia representativa, a la auténtica y completa práctica del pluralismo político y el respeto a la libertad de expresión y de reunión. Desafortunadamente, esto parece improbable.
Fidel Castro circa 2010 – 2011